1. Yo te quería helado y doliente. Te quería con tus manos llenas de pecas y manchadas de tinta azul, te quería lento como la tarde que no se iba mientras miraba el reloj.
Te quería de forma independiente a tu persona, te quería porque no había más sol esa mañana. Te quería porque te cruzaste con ganas de quererme, porque me obligaste a quedarme en base a razones sin ser razonadas.
Habian dos hechos que me condenaban a tus gritos silenciosos, a suspiros ahogados y a horas de dolor y picazón innecesarias en mis piernas. Yo sabía que no era una condena y esperaba ese momento en que la rabia de tu ausencia y de presión fuera olvidada en el dolor de tener que someterme a tu chantaje innecesario, inútil, carente de argumentos, porque eras la verdad que tenía y aunque sabía que mentías me hacías sentir viva en base a un respirador artificial por lo tanto me quedaba, aunque cada despedida sabiera a mentira y quisiera abandonarte para correr a comentarle a él, que hoy te quería menos.
Yo si te quería, te quería como se quiere a quien te ayuda a respirar con aire que no tiene. Te quería cuando me costaba menos temer tus manos y tu fuerza en mi cintura, te quiero ahora, ahora que no tengo que temerte, ahora que me eres inofensivo porque se que me mientes y me puedo reir de tus mentiras. Porque nunca antes había pensado que la verdad no debía dolor, ni en mi cuerpo ya irritado, ni el alma cansada de ti.
2. Quiero hablarte con ese mismo tono triste y meláncolico con que el sueño que me hablas, con ese tono de ilusiones incompletas, de sueños truncados por un futuro ciero pero no querido, porque ambos condenamos nuestro futuro a algo distinto a la casa en la playa que deseamos en Mayo. Pero yo me siento feliz, con esa felicidad de estar haciendo lo que quiero y debo.
A veces me suenan tus enfermedades a esa agonía de un alma no conforme y quisiera alegrarte un poco, aunque no me hables porque creo que te parezco de esos casos que existen en el libro de la memoria al que se vuelve de vez en cuando con el fin de no perder la punta del espirar en que nos vimos envueltos sin querer desde ese treinta y uno.
Yo quiero que seas feliz, que sea feliz y bien. Asombrate reconoceré que ya no te busco, no te busco en nadie, no te busco ni en mis manuscritos, ni en el colet de bolitas amarillas, ni en las calcetas rayadas.
Sé que siempre habrá algo de mi en ti y no lo digo por falta de humildad, es que algo se quedó pegado a ti, quizás mis ojos gastados de tanto llorar nuestras diferencias , porque eramos dos mundos distintos separados por una cosmovisión del mundo y desesperanzas que nos hicieron separarnos por metros cuadrados de vivienda y experiencias que fallaban al querer contarte cualquier cosa, hablamos dos idiomas, lenguas distintas. Tú veías 80 tipos de blanco, yo sólo 3, invierno, puro y mantequilla.
Sé que siempre habrá algo de ti en mi, nunca lo hemos hablado, después de todo ha sido tantas veces escrito que creo que ya es solo una realidad lineal, sintáctica. Quizás si no lo leo no ha existido y sólo es parte de la diégesis, ficción . Pero hoy quiero que lo sepan, siempre, habrá algo que no es un enamoramiento de los 15 años o esa espera de cada semana, es ese haberme preparado para hoy, porque en el fondo gracias a ti existo. Hoy existo por ti. Y sé que tú en cualquier momento vuelves por ello y yo ya no soy más que el inicio de algo que terminó.
Hoy cuando lo leas, cuando no llores antes estas letras, ni te importe cuando la onomatopeya de tu risa ahogada vuelva a aparecer y yo por primera vez ría. Porque antes tenía miedo de que te fueras y entonces yo por el egoísmo de los recueros te quería atrapar en el recuerdo de lo imposible y aunque tu creas que el único problema es que tu espras algo que yo no y yo espero mucho de lo que tú nunca harías, el problema es otro.
Hoy respondo a tu pregunta de hace cinco meses: "no te quiero". Y tú respuesta es simple, no me creeras porque me quieres como algo que existe, que te pertenece, que está, pero me debes querer como algo que no existe, que no te pertenece, que se fue.
Te quería de forma independiente a tu persona, te quería porque no había más sol esa mañana. Te quería porque te cruzaste con ganas de quererme, porque me obligaste a quedarme en base a razones sin ser razonadas.
Habian dos hechos que me condenaban a tus gritos silenciosos, a suspiros ahogados y a horas de dolor y picazón innecesarias en mis piernas. Yo sabía que no era una condena y esperaba ese momento en que la rabia de tu ausencia y de presión fuera olvidada en el dolor de tener que someterme a tu chantaje innecesario, inútil, carente de argumentos, porque eras la verdad que tenía y aunque sabía que mentías me hacías sentir viva en base a un respirador artificial por lo tanto me quedaba, aunque cada despedida sabiera a mentira y quisiera abandonarte para correr a comentarle a él, que hoy te quería menos.
Yo si te quería, te quería como se quiere a quien te ayuda a respirar con aire que no tiene. Te quería cuando me costaba menos temer tus manos y tu fuerza en mi cintura, te quiero ahora, ahora que no tengo que temerte, ahora que me eres inofensivo porque se que me mientes y me puedo reir de tus mentiras. Porque nunca antes había pensado que la verdad no debía dolor, ni en mi cuerpo ya irritado, ni el alma cansada de ti.
2. Quiero hablarte con ese mismo tono triste y meláncolico con que el sueño que me hablas, con ese tono de ilusiones incompletas, de sueños truncados por un futuro ciero pero no querido, porque ambos condenamos nuestro futuro a algo distinto a la casa en la playa que deseamos en Mayo. Pero yo me siento feliz, con esa felicidad de estar haciendo lo que quiero y debo.
A veces me suenan tus enfermedades a esa agonía de un alma no conforme y quisiera alegrarte un poco, aunque no me hables porque creo que te parezco de esos casos que existen en el libro de la memoria al que se vuelve de vez en cuando con el fin de no perder la punta del espirar en que nos vimos envueltos sin querer desde ese treinta y uno.
Yo quiero que seas feliz, que sea feliz y bien. Asombrate reconoceré que ya no te busco, no te busco en nadie, no te busco ni en mis manuscritos, ni en el colet de bolitas amarillas, ni en las calcetas rayadas.
Sé que siempre habrá algo de mi en ti y no lo digo por falta de humildad, es que algo se quedó pegado a ti, quizás mis ojos gastados de tanto llorar nuestras diferencias , porque eramos dos mundos distintos separados por una cosmovisión del mundo y desesperanzas que nos hicieron separarnos por metros cuadrados de vivienda y experiencias que fallaban al querer contarte cualquier cosa, hablamos dos idiomas, lenguas distintas. Tú veías 80 tipos de blanco, yo sólo 3, invierno, puro y mantequilla.
Sé que siempre habrá algo de ti en mi, nunca lo hemos hablado, después de todo ha sido tantas veces escrito que creo que ya es solo una realidad lineal, sintáctica. Quizás si no lo leo no ha existido y sólo es parte de la diégesis, ficción . Pero hoy quiero que lo sepan, siempre, habrá algo que no es un enamoramiento de los 15 años o esa espera de cada semana, es ese haberme preparado para hoy, porque en el fondo gracias a ti existo. Hoy existo por ti. Y sé que tú en cualquier momento vuelves por ello y yo ya no soy más que el inicio de algo que terminó.
Hoy cuando lo leas, cuando no llores antes estas letras, ni te importe cuando la onomatopeya de tu risa ahogada vuelva a aparecer y yo por primera vez ría. Porque antes tenía miedo de que te fueras y entonces yo por el egoísmo de los recueros te quería atrapar en el recuerdo de lo imposible y aunque tu creas que el único problema es que tu espras algo que yo no y yo espero mucho de lo que tú nunca harías, el problema es otro.
Hoy respondo a tu pregunta de hace cinco meses: "no te quiero". Y tú respuesta es simple, no me creeras porque me quieres como algo que existe, que te pertenece, que está, pero me debes querer como algo que no existe, que no te pertenece, que se fue.
