sábado, 18 de octubre de 2008

Exorcismo

1. Yo te quería helado y doliente. Te quería con tus manos llenas de pecas y manchadas de tinta azul, te quería lento como la tarde que no se iba mientras miraba el reloj.
Te quería de forma independiente a tu persona, te quería porque no había más sol esa mañana. Te quería porque te cruzaste con ganas de quererme, porque me obligaste a quedarme en base a razones sin ser razonadas.
Habian dos hechos que me condenaban a tus gritos silenciosos, a suspiros ahogados y a horas de dolor y picazón innecesarias en mis piernas. Yo sabía que no era una condena y esperaba ese momento en que la rabia de tu ausencia y de presión fuera olvidada en el dolor de tener que someterme a tu chantaje innecesario, inútil, carente de argumentos, porque eras la verdad que tenía y aunque sabía que mentías me hacías sentir viva en base a un respirador artificial por lo tanto me quedaba, aunque cada despedida sabiera a mentira y quisiera abandonarte para correr a comentarle a él, que hoy te quería menos.
Yo si te quería, te quería como se quiere a quien te ayuda a respirar con aire que no tiene. Te quería cuando me costaba menos temer tus manos y tu fuerza en mi cintura, te quiero ahora, ahora que no tengo que temerte, ahora que me eres inofensivo porque se que me mientes y me puedo reir de tus mentiras. Porque nunca antes había pensado que la verdad no debía dolor, ni en mi cuerpo ya irritado, ni el alma cansada de ti.

2. Quiero hablarte con ese mismo tono triste y meláncolico con que el sueño que me hablas, con ese tono de ilusiones incompletas, de sueños truncados por un futuro ciero pero no querido, porque ambos condenamos nuestro futuro a algo distinto a la casa en la playa que deseamos en Mayo. Pero yo me siento feliz, con esa felicidad de estar haciendo lo que quiero y debo.
A veces me suenan tus enfermedades a esa agonía de un alma no conforme y quisiera alegrarte un poco, aunque no me hables porque creo que te parezco de esos casos que existen en el libro de la memoria al que se vuelve de vez en cuando con el fin de no perder la punta del espirar en que nos vimos envueltos sin querer desde ese treinta y uno.
Yo quiero que seas feliz, que sea feliz y bien. Asombrate reconoceré que ya no te busco, no te busco en nadie, no te busco ni en mis manuscritos, ni en el colet de bolitas amarillas, ni en las calcetas rayadas.
Sé que siempre habrá algo de mi en ti y no lo digo por falta de humildad, es que algo se quedó pegado a ti, quizás mis ojos gastados de tanto llorar nuestras diferencias , porque eramos dos mundos distintos separados por una cosmovisión del mundo y desesperanzas que nos hicieron separarnos por metros cuadrados de vivienda y experiencias que fallaban al querer contarte cualquier cosa, hablamos dos idiomas, lenguas distintas. Tú veías 80 tipos de blanco, yo sólo 3, invierno, puro y mantequilla.
Sé que siempre habrá algo de ti en mi, nunca lo hemos hablado, después de todo ha sido tantas veces escrito que creo que ya es solo una realidad lineal, sintáctica. Quizás si no lo leo no ha existido y sólo es parte de la diégesis, ficción . Pero hoy quiero que lo sepan, siempre, habrá algo que no es un enamoramiento de los 15 años o esa espera de cada semana, es ese haberme preparado para hoy, porque en el fondo gracias a ti existo. Hoy existo por ti. Y sé que tú en cualquier momento vuelves por ello y yo ya no soy más que el inicio de algo que terminó.
Hoy cuando lo leas, cuando no llores antes estas letras, ni te importe cuando la onomatopeya de tu risa ahogada vuelva a aparecer y yo por primera vez ría. Porque antes tenía miedo de que te fueras y entonces yo por el egoísmo de los recueros te quería atrapar en el recuerdo de lo imposible y aunque tu creas que el único problema es que tu espras algo que yo no y yo espero mucho de lo que tú nunca harías, el problema es otro.
Hoy respondo a tu pregunta de hace cinco meses: "no te quiero". Y tú respuesta es simple, no me creeras porque me quieres como algo que existe, que te pertenece, que está, pero me debes querer como algo que no existe, que no te pertenece, que se fue.

Microcuentos con tema en común

1. Ella lo miró, agarró sus cosas, se puso los zapatos, se agarró el pelo en ese moño desordenado y lo miró: él estaba ahí mirándola mientras se amarraba los zapatos. Lo miró y se fué.
Desde ese día no lo ha vuelto a ver, él a veces la ve, pero no le habla y ell apiensa como encontrarlo para que le devuelva lo único que aún le tiene: su dignidad.

2. Me estás haciendo daño, desde hace días, desde el día en que me miras y no sonries pero me besas y te beso por inercia, porque te lo prometí hace 6 años.
Vuelve a repetirse a diario tu rutina, fácil y predecible, incluso tu caricia sabe desconsuelo.
Me estabas haciendo daño, porque tu rutina, fácil y predecible cambió: dijiste Rosario y preguntaste por Miguel. Yo no los conozco.
Ya no me haces daño, no se puede romper lo que está hecho añicos.

3. En la mañana se quemó el pan, a media tarde se ocupó el celular a la hora en que llamarías. Llegaste, la Daniela lloraba por lo que le cerré la puerta.
Me llamaste al comedor. Al día siguiente sería la misma pregunta, y yo la misma respuesta: "la punta de la mesa" "picando tomate" y ellos la misma cara de incredulidad y pena.

4. Ya no te amo, me dijiste cuando terminó el beso. ¿Lo dices enserio? pregunté con lo ojos aguados. Es en serio, me gusta otra. Y me quedé llorando, tomaste tus cosas y te convertiste en el peor recuerdo.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Me cuesta no ser yo.

domingo, 5 de octubre de 2008

sueños

31 de septiembre 2030

Hola, ¿cómo estás?...
Hace mucho que no se de ti. Han pasado años, supongo que estás trabajando, que tienes familia y que hay veces que te preguntas por qué.
Yo he estado bien, cumplí muchos de mis sueños, ¿sabes? fue increíble, me gradué con honores y trabajé algunos meses. Olvidé algunos de mis anhelos de chiquilla, no me dediqué ni a colectivos independientes, ni a hacer clases... después de todo necesitaba dinero...quería cumplir de una vez con esa independencia con que me llenaba la boca.
Seguro estás sorprendido, ¿qué como supe tu dirección? no tiene importancia. Es extraño, porqué sólo supe eso. Fue todo muy involuntario... estaba tomando café, en el café de moda, recién salida de la peluquería y antes de ir al gimnasio, leyendo, dándomelas de intelectual, de snob, de chic. Entonces cuando tomé el café y pasa él, te siento. No pude evitar pararme y perder esa pinta de intelectual, de glamour, de independencia y le pregunté sobre tu perfume. Me miró con cara de patética y le dije, que simplemente iba a hacer un regalo para mi marido, después de todo lo recordé esperandome en la casa, mientras juega con una de las niñitas.
Pero se me cruzó la imagen de ti y no pude dejar de pensarte. Qué habría sido de tu vida, de tus anhelos de tus trabajos... y con el tiempo que da el no trabajar por simple gusto, suspendí la rutina de masajes, la reunión de las niñas, el tecito de media tarde, la compra en el mall, la prueba con la modista y me dedique a escarbar en los recuerdos, a ver si encontraba alguna pista.
Pasaron algunos días y me di cuenta que él estaba echando demenos el peinado de peluquería y le parecía sospechoso esas correrías en el desván y que la nana fuese a buscar a las niñitas de la clase de ballet, así que olvidé este sentimiento estúpido de querer encontrarte.
Entonces estaba un día en buenos aires, en uno de esos fines de semanas locos que tengo a veces, descansando del llanto desconsolado de la trini y de los juegos múltiples de todos los niños.... cuándo escuché de ti, estoy segura que eras tú, habían muchos datos que coincidían... seguí disimuladamente la conversación, hasta que dieron las pistas suficientes para terminar con la búsqueda. Al día siguiente tomé el avión, olvidé la reserva del hotel y me vine a Chile a buscarte. Me dieron tus datos en el civil, y aquí me tienes escribiéndote....
Quizás cuándo leas esto arrugarás la carta sin más, pero si sonríes, aunque sea una vez, quizás me vuelva a sentir viva. Porque si tú no te preguntas, yo siempre me vuelvo a preguntar... por qué.
Me empiezo a despedir, pronto saldrá la nana y le pediré que lleve esta carta. Te mueres la vista que hay desde la casa, es mejor que cualquiera que pudimos soñar, sólo me queda un poco grande.
Me voy, cuidate, la clau llora, seguro ya es tiempo de comida y la enfermera no le ha dado nada.

K.


Hay veces que amarte me duele...