Tú no eres perfecto, yo lo sabía. Yo sabía que metías demasiado ruido, que tenías una mochila gigante, que te rodeabas de diferentes niñas y que estudiabas en humanidades.
Sabía que eras amigo de una amiga y que invitabas a comer cosas ricas. Yo detesto comer a deshoras. Desde el primer día sospeché que eso a ti te encantaría, como que me dio un poco lo mismo, total una que otra vez que saliera a comer pasteles no haría mucho la diferencia.
Tú no eras perfecto y estabas lejos de serlo, un día chocaste en el hall de la universidad conmigo y ni me pediste disculpas y me quedé alegando contra este galloqueseapareceportodoslados. Esa semana yo pensé que me estaba volviendo loca, tanto así que saliste del anonimato antes que tuvieras un nombre, era musho, te encontraba hasta el día viernes en la universidad. Si hubiese sabido que te encanta pasearte por ahí no hubieses recibido ningún sobrenombre. Seguro que entonces algo en mí ya te reconocía sin ni siquiera conocerte.
Ese día yo no me pude concentrar en Misa y no era precisamente porque estaba nerviosa, era porque la Jessi siempre me da risa y ahora más porque el super amigo, no era ni más ni menos, que el galloqueseapareceportodoslados. Igual cuándo ella me dijo tu nombre, pensé que era el castigo del cielo. Pero me dio risa, además como que eras serio y hablabas serio.
En un momento pensé que la maldición se acabaría y entonces ya no te vería más. Parece que me dio pena e igual trataba de toparme contigo, igual sabía que habría alguna posibilidad de verte a las 13.00, es que me parecía entretenido este jueguito de toparte todo el rato y no hablarte si no que jugar al detective y saber que estarías ahí. Igual nunca hice nada para toparte, sólo iba para atrás y como que de repente algo en mi sabía que estarías o llegarías.
No sé porque te hablé ese día, igual me daba lata llamar a otro lado y hablarte a ti igual era vergonzoso, pero más fácil. El gasto de energía a final de semestre igual tiene que ser mínimo. Y ni me pescaste.
Hasta que fui a misa y te sentaste al lado mío, igual debiste haber cachado que yo era un poco volada, porque respondí una cosa dónde no tenía que responder. Yo me fui, cero ganas de quedarme dando vueltas. Entonces me dijiste que le dijera a la Jessi que me diera tu Messenger . Y le dije.
Igual te hablé de pura aburrida y me dejaste hablarte harto rato y seguido, como si fuéramos amigos del alma. A mí me gusto hablar contigo, porque me di cuenta de algo que debía darme cuenta desde hace antes. Me dijiste que él no me quería. Y no era que entonces tú me quisieras, pero a mí me pareció bonito. Y por eso te volví a hablar. Yo me reía y trataba de mezclarte con manzanas cocidas y Voloshinov, Chomsky, Vygotsky. Mientras escuchaba por enésima vez canciones de Maroon 5 y repetía los postulados de Saussure porqué pensaba que era lo más importante de mi examen.
Tú me dijiste que él no me quería y entonces lo tomé como ley. Y decidí no hablarle más, porque si otro hombre me decía que no me quería, no eran celos de amigas ante tan romántica historia, ni eran celos de hermana ante historia tan archirrepetida. Era la opinión objetiva del desconocido. Sin querer pavimentaste el camino.
Y después me decías otras cosas que me hacían interesarme, no recuerdo cuáles tantas, me daba risa como te enrollabas con la esta y la esta otra. Me sentía cual consejera. Además estaba en deuda, me habías salvado de viajar a viña corriendo. Si en ese entonces supieras que no sólo me salvaste de eso, si no que me curaste entera.
Hablamos muchas veces hasta esa vez del colchón, igual algo tenías no por nada pasaba toda la mañana conectada para que me ignoraras la mayoría de las veces y digo ignorar porque no sé de dónde sacaba tanta historia para contarte y bueno, tú…
Cuando me invitaste a tomar té igual no sabía de qué hablarte y si me podía colgar a tu cuello o no, si podía agarrarte el brazo, mirarte o qué. Porque para ese entonces ya eras mi amigo (o algo así) pero no sé si podía tratarte como tal. Ahora sé que ni a los amigos puedo tratarlos así.
Me diste galletas y ahí se cumplía mi primera profesía, comías como yo no quería. Me fui a trabajos. Y la distancia y la falta de gmail jugó la mejor/peor de sus jugadas, yo quería hablar contigo y contarte. Pero vamos, tenía que llevar datos de ella, así que mejor en eso me concentraba y no en que me gustaría saber que opinabas sobre esto o lo otro.
Pero llegué y no me preguntaste. Igual quería que de una vez lo hicieras así mejor me dejabas de parecer una persona tan secamente inteligente y simpática y seguía concentrándome absolutamente en olvidar la tonterita de viajes viñamarinos, helados llolleinos, etc. Etc.
Pero nunca me hablaste de ella, te interesó saber cada una de mis opiniones, sobre esto y lo otro, sobre la sra. del dulce de membrillo y sobre la procesión de la virgen. Y más me piqué. Aunque igual fui a tomar té. Es que tenía hambre y eras divertido.
Ya no me acuerdo que tantas cosas hablamos y vueltas dimos. Pero estábamos en el cine y yo igual me arreglé. Me imaginé que igual algo te importaba, porque me habías escrito una vez que yo no me conecté. Entonces me vestí así como top, deje las falditas de lado y me puse pantalones, me lavé y peine el pelo y me puse aros. Te llevé comida, de pura odiosa. Igual me daba como vergüenza en una de esas creías que te estaba comprando, pero el precio era tan bajo, que desistí de esa idea, era de pura amable.
Yo nunca pensé que lo harías. Era tan poco tú. Pero te apoyaste en mí. Yo estaba nerviosa, pero lo disimulaba. Después me agarraste del brazo y recorrimos todo el centro, yo te chamullaba con todo lo que encontrábamos, como que no quería quedarme callada. Pero llegamos a ese parque ¡tenía tantas ganas de ir! Y nos sentamos. Había perros y hacía harto frío. Harto frío, maldije mi idea de ir linda y no abrigada. Pero no-se-como, tomaste mi mano y yo ahora sí que tenía miedo. Yo te la di, porque siempre doy la mano a todo el mundo (ahora ya no), pero tú, yo estaba segura que tú no. Y yo temblaba para adentro. Suplicaba que no, que si, que no. Que mejor no, que mejor sí. Y lo dijiste. Sin previo aviso más que haber tomado mi mano. Te dije que la embarraste, que eras lo peor, mientras alguna parte de mi, la misma que sabía que estarías, que sabía que aparecerías, la misma que no quería encontrarte en el mismo lugar de siempre, sabía… qué no había mucho que hacer : tú eras él que se quedaría.

2 comentarios:
Te amo, me encantó cada palabra que pusiste ahí especialmente el ultimo parrafo. Lograste una mezcla de alegría y de emoción que me encantó..
En fin te amo... gracias por todo...
me gusta leerte. me hace sentir eso de "lejos pero conectadas". te debo una respuesta por lo que tu ya sabes, mejor sería una conversa, pero todo a su tiempo.
te quiero
=*
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