sábado 5 de diciembre de 2009

Lealtad

Hace tiempo tenía ganas de escribir sobre esto, no con afán de convencer a todos los que piensan de manera diferente, sino simplemente, tratar de aportar una nueva arista al debate.
A raíz de las múltiples campañas políticas que rondan por ahí y gracias a las tecnologías de información en que todo el mundo puede dar su opinión e instalarla en la órbita del internet como la verdad más cierta de todas, siento que se ha impregnado la idea de que la religión, la fe, las creencias de cada persona deberían quedarse en el ámbito de lo privado, de las decisiones personales y que finalmente las opiniones o las decisiones que puedan influir a alguien más no deberían ser reflejo de estas creencias. Por ejemplo, un candidato a la presidencia de la República no podría estar en desacuerdo con la PastillaDíaDespúes o dar las razones de su desacuerdo si tienen algún trasfondo basado en la fe, en la moral o en la antropología cristiana, porque si es así queda inmediatamente descartado.
Por otro lado se llama y se aboga por la transparencia, por la sinceridad, por ser de “una sola línea”, por una unidad entre lo que se dice y se piensa, siendo esto reflejo de una persona confiable. Esto también ha sido un punto de discusión en la última campaña política, donde las principales descalificaciones entre los candidatos han tratado de “antes dijiste esto, hoy apoyas esto otro”, “antes votaste por el no y ahora te las das de…” “antes eras de la concertación y ahora te juras independiente”, por lo tanto, se puede estar de acuerdo que la lealtad a uno mismo y a los otros es un valor que aún no pierde vigencia.
Hablar sobre la fe o las creencias particulares de cada persona es sumamente complejo justamente porque estas creencias no sólo es algo que se declara sino que transforma la vida de esa persona. Por ejemplo, afirmar ser hincha de X equipo de fútbol, significa de alguna manera apoyar a ese equipo de fútbol, quizás no estar de acuerdo con todo lo que haga el DT, pero si presentar un cierto apoyo incondicional. Si no rastreen todas la canciones de barra en que se proclama apoyo se pierde o se gane. Aparte del apoyo que podría ser sólo ‘mental’, ese apoyo transforma la vida diaria hasta en las más pequeñas cosas, lleva a fijarse en la sección de deportes del diario, te fijas a la tv durante 2 horas cada vez que juega ese equipo o hasta eres capaz de pagar grandes cantidades de dinero para verlo en vivo y en directo o acceder por no sé qué canal a los partidos que no se ven en señal abierta, de alguna y otra forma esa decisión de ser hincha es performativa. Guardando todas las proporciones, y disculpando el ejemplo, la fe es así. Afirmar ser católico significa transformar mi vida, significa apoyar ciertas cosas y no otras, conlleva hacer ciertas prácticas y sobre todo no es algo que yo transforme, sino que me transforma. Ser católico y estar convencido de eso, no es algo que puedas dejar colgado como un abrigo antes de entrar a una sala. No puedes ser católico cuando se proclama justicia y caridad para todos y luego estar apoyando el aborto. Y tal como no puedo dejar de afirmar que amo a alguien en la intimidad de cada relación y luego en público proclamar algo totalmente contrario, no se puede afirmar ser católico en las cuatro paredes de la casa pero dejarlo de ser en la vida pública. Principalmente porque ser católico no es una etiqueta que se imponga, ni un traje que quede bien en ciertas ocasiones, ser católico es creer(Le) y amar(Le) y eso no tiene tiempo ni espacio. Creer en alguien (Jesús) y Amar a alguien, no es algo que se pueda dejar de hacer en ciertos temas o en ciertos ambientes, se puede afirmar que creer y amar es algo que se hace sin condiciones.
Entonces, por qué si se pide transparencia y lealtad diacrónicamente, no se exige ni se valora esa lealtad sincrónicamente, ¿por qué pareciera pedírseles a los políticos y a todos que a la hora de presentar sus ideas, las depuren de toda reflexión religiosa, moral? ¿Cómo alguien que es católico, podría dejar de serlo en ciertos puntos de vista? ¿Cómo se le puede exigir a alguien que se bifurque y se traicione, cuándo la lealtad es algo que todos esperamos?
He tratado de entender el por qué se espera que la Iglesia (no entendida como la jerarquía eclesiástica, sino que toda la Iglesia) no impregne de su pensamiento sus acciones, ¿acaso los católicos no pueden actuar consecuentemente, los católicos no pueden esperar que sus anhelos se lleven a cabo? ¿Para los católicos, está vedado el actuar público?, no lo creo. Leyendo un trabajo académico de estudiantes de Sociología de la Universidad de Valparaíso, me pareció comprender en base a sus afirmaciones el por qué, cito:

“Considerando las características ya mencionadas, y tomando en cuenta la gran influencia que tuvo esta institución en la formación de nuestro país, cabe destacar que en la actualidad la Iglesia ejerce su poder en gran parte de las instituciones sociales de Chile, poder que considera legítimo, en tal grado, que va mas allá de temas teológicos, inmiscuyéndose en ámbitos culturales, políticos e incluso económicos. Sin embargo, esta legitimidad no es tal ni en la sociedad chilena en general ni en sectores de la misma que se consideran católicos.”

Luego, de leer esta cita (todo el trabajo se centra en un análisis sociológico y político de la situación) creo que principalmente se espera que la Iglesia no participe en los embrollos políticos, no tanto porque se considere que todos los católicos no puedan participar, sino que porque al igual que hace 2000 años atrás, se crea que la Iglesia ejerce un poder, pero poder político, porque se cree que la Iglesia impone y que sólo debiese estar preocupada de un cierto número de dogmas que no incluyan ninguna preocupación en lo práctico, como si el católico siguiese un número de reglas que no entiende siquiera como llevarlas a cabo una vez que comienza su día. No es la Iglesia (como jerarquía) la que se inmiscuye en ámbitos culturales, políticos e incluso económicos, son todos los católicos que cómo cualquier otra persona, con el derecho de expresar su opinión no dejan de ser católicos en su opinión cultural, política y ecónomica. Porque un católico al igual que un ateo, un budista, un agnóstico, un ecologista, debe y tiene derecho a que en su opinión se reflejen sus creencias.
Discrepo de que esa legitimidad esté cuestionada por sectores que se consideren católicos, porque me parece que alguien que sea “algo” lo que sea, adhiere y es leal a eso que cree, una vez que ya empieza a discrepar o no estar de acuerdo, es imposible que siga siendo lo mismo y justamente es normal que un católico transforme o espere transformar las estructuras en las que se inserte, no por un afán de conseguir adherentes para lo que él piensa, sino que como se expresó anteriormente el mensaje católico transforma y como tal no puede ser transformado porque deja de ser el mismo mensaje. No quiero cuestionar el trabajo citado, porque no se basa en reconocer las bases ideológicas de las personas, sino como una institución social a los “nuevos católicos” (que por ende no son católicos, sino otro grupo)
Tampoco tengo una conclusión clara para todo esto, simplemente, que me parece irrisorio que se exija lealtad, unidad de vida a todos, sin embargo, que no se reconozca esa fidelidad como algo positivo a quienes a pesar del tiempo (que es lo que mejor mide la lealtad) siguen manteniéndose fieles al mismo mensaje.


El trabajo citado es de Verónica Salinas |Sofía San Martín |Paulina Tapia | Daniela Verdugo y se titula : "Nuevas formas de acción colectiva: El caso de las católica por el derecho a decidir" , Revista síntesis, 2009: http://www.scribd.com/doc/23641913/Revista-Sintesis-1er-numero