miércoles, 21 de enero de 2009

Otra vez.

No sé que pasa, pero todo me sabe a ti. Hoy cuando miré por mi ventana me acordé del invierno que no habíamos vivido juntos, luego al ir a San Antonio te recordé en ese lugar que no conoces, te imaginé con tu sonrisa que no te gusta y yo bien apegada a ti.
Queriendo exorcisarme de tus recuerdos que no existen, busque más lugares en que no nos hemos visto, entonces llegué a la rivera del río y ahí estabas también tirado a la orilla, mirando el cielo queriendo abrazarme y yo con esa sonrisa que sólo tu conoces.
Entonces te recordé cuando aún no existías en mi vida, ahí de uniforme azul, con el pelo liso y largo, las calcetas más arriba y te vi enseñandome ecuaciones y a no preocuparme de la prueba de química.
También estabas cuando llegué a la Universidad. Casi igual. Riendote de mi cara de novata perdida y de mis ganas de huir de ese lugar.
Te encontré acomodando cada uno de los momentos en que no estuviste, quitándo el polvo del dolor y de la exageración. Por eso hoy cuando quise exorcisarme de ti no pude, estabas en todo, imperceptible, casi irreconocible, pero estabas.
Porque el pasado está más que en las cosas que se conservan como memorias, está más que en las fotos que tengo para no olvidarme, el pasado no se guarda en una caja forrada ni en miles de hojas dobladas. Esa finalmente no soy yo.
El pasado no se borra tirando todo a la basura. El pasado se acabó hoy, cuando me di cuenta que no necesitó más de una memoria escrita en papeles y chucherías.
Tú lo llenaste todo, tú eres el mejor recuerdo de todo lo que pasó, porque tú estás hoy, sin necesidad de haber ocultado nada, estás ahí en cada uno de los recuerdos en los que no existes.

lunes, 19 de enero de 2009

Instántaneo

Quisiera tener las palabras necesarias para lograr describirte y no inventarte. Quiero que las palabras, que permiten dibujar la realidad que mi mente no retiene, no mientan; te describan en el perfecto estado en que permaneces, porque tu no tienes ni un presente ni un futuro estás como clavado en el instante que transcurre.
Tú has cambiado todo, aunque no seas más que el instante en que te siento respirar cerca y mi piel parece responder de manera no acostumbrada. Has cambiado el pasado, de manera como nadie lo ha logrado, remueves los recuerdos sin necesidad de borrarlos: los ordenas y vuelven a tener sentido cuando tu mano no se mueve de mi cadera.
Pareces constante en la vida, pero te prefiero imaginar instántaneo, como si recién vinieras llegando y como si fuera la última vez que te viera.
Te imagino en un instante porque cambiaste el futuro que no existe, cambiaste un presente que se construye en base a tus proyectos y los míos que los adosamos como si fueran nuestros. El instante me parece más real, que la irrealidad de tus efectos.
Porque la realidad, que hoy conozco, me parece muy distinta a la que vivía, porque has teñido todo de un azul, amarrillo, de un naranjo... la vida ahora sabe a pasto y huele a chocolate. Se palpa a tu piel y se siente en morado. Has llenado de nuevas visiones y colores todo, tiñes inevitablemente la vida de frutillas y arándanos.
Eres infinito, dejas de ser instante en las palabras, porque las palabras te palpan mejor que mi mente asustada. Porque cambias todo, porque dormirme después de tu beso, es más que un instante. Dejas de ser un isntante, pasas a ser infinito. Tú.